Declaración de Santiago de Chile

IX Simposio CELAM – UNIAPAC

 

Tal como lo venimos haciendo desde hace más de dos décadas, obispos, sacerdotes y líderes empresariales, nos hemos encontrado nuevamente, esta vez para discernir unidos en el Espíritu, los desafíos que nos proponen el acontecimiento de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrado en mayo del 2007 en Aparecida, y el reciente documento de la Unión Internacional Cristiana de Dirigentes de Empresa (UNIAPAC): “La rentabilidad de los valores. Una visión cristiana de la responsabilidad social empresarial”.

 

A tal fin, la espiritualidad, como encuentro personal con Cristo, es clave. Ella no es un complemento para vivir mejor los valores éticos sino su fuente, condición de posibilidad y culminación. Genera exigencias que no se resuelven sólo en la racionalidad de la ética.

 

La conversión del corazón nos abre a la vida de Dios, nos hace sus discípulos y nos invita a la misión. La fe no nos encierra en un goce intimista sino que nos dispone para comprender y responder a las necesidades del prójimo. Así como Cristo es el mediador del encuentro con el Padre, el otro, especialmente el más pobre y excluido, es el mediador de nuestro encuentro con Cristo.

 

Lo dicho nos lleva a asumir oportunidades y desafíos inéditos que las realidades de orden económico, financiero, social y cultural del mundo globalizado ponen a las empresas en América Latina y el Caribe. Para ello es necesario buscar juntos cómo vivir y promover los principios y valores de la doctrina social de la Iglesia y de la responsabilidad social empresarial, en el contexto de empresas rentables y sustentables.

 

Así, con el fin de lograr una mayor y mejor vida para nuestros pueblos, asumimos conjuntamente los compromisos de:

 

            · educar en los mencionados principios y valores, y difundirlos;

            · encontrar formas de aplicarlos a las realidades cotidianas de las empresas;

            · revalorizar a la empresa como agente para la consecución del bien común;

            · exhortar a toda empresa para que considere a la persona como centro de su actividad, favoreciendo el respeto de su dignidad y la búsqueda de su desarrollo integral;

            · colaborar en la reducción de los índices de pobreza en nuestros países a través de la generación de empleo decente y productivo, y de la capacitación para mejorar la empleabilidad;

            · fomentar la mayor inserción posible de las personas en la sociedad del conocimiento y contribuir para una mejora sustancial de la calidad de la educación;

            · aumentar el diálogo, la colaboración y el desarrollo de iniciativas conjuntas entre los pastores de la Iglesia y los líderes empresariales.

 

Imploramos a Nuestro Señor Jesucristo que nos envíe su Espíritu para que, junto a la Virgen María, pastores y líderes empresariales hagamos realidad estos compromisos de modo que contribuyan a mejorar la preocupante situación de América Latina y el Caribe.

 

 

En Santiago de Chile, 30 de mayo de 2008.